El Mercurio

Enviado por Sociologia de las Comunicaciones el 02/12/2009 a las 22:01

Introducción

 

El presente escrito se articula como un análisis, breve debido a su naturaleza, de los valores defendidos por el periódico “El Mercurio de Valparaíso” en su columna editorial.

Lo importante no es entender los valores defendidos en sí, sino que siempre como un medio para alcanzar un objetivo mayor que se condice con el discurso ideológico que “El Mercurio de Valparaíso” desarrolla a lo largo de sus páginas. Por lo mismo, parto de la base de que todo medio periodístico asume siempre una posición frente a la cotidianeidad que da cuenta de su forma de entenderla, la cual no escapa de su visión de clase. De tal manera, los contenidos incluidos dentro de sus líneas, como la forma de comprenderlos y los aspectos que destaca un determinado periódico, son elementos que dan cuenta del pensamiento que hay en el fondo de un medio de publicación masiva como lo es El Mercurio de Valparaíso. Asimismo, y entendiendo que el lenguaje es un elemento que va creando realidades, El Mercurio de Valparaíso pretende dibujar unos límites precisos y claros de los asuntos públicos, es  decir, asuntos que a todos nos conciernen directa o indirectamente, con los que deberíamos entendernos quienes residimos dentro de los límites de publicación de este periódico (límites que, por cierto, se tornan difusos debido a su inserción en un medio de comunicación de masas como lo es internet).

He elegido centrar el análisis a partir de las columnas editoriales debido a la claridad de los planteamientos con que se abordan ciertos temas importantes para los ojos de El Mercurio de Valparaíso. Asimismo, emprender un análisis de todas las noticias requeriría una cantidad de tiempo mucho mayor que podría ser objeto de una tesis de pregrado. Por último, he seleccionado las columnas editoriales más significativas publicadas desde el jueves 19 de Noviembre hasta el viernes 27 de Noviembre del presente año en curso.

 

 

Breve resumen de los contenidos editoriales

 

Editorial del jueves 19 de Noviembre. “Defensa de casino municipales”

La presente editorial hace una defensa en nombre de la ciudadanía de un derecho que se califica de histórico como lo es que las municipalidades puedan percibir una cuantiosa suma de dinero proveniente de los casinos municipales. Tal derecho, en el caso de Viña del Mar se remonta a 1928, cuando empezó a funcionar el Casino de Viña del Mar, el cual se dice que es el más antiguo recinto de juego legal del país. La amenaza viene desde una modificación legal impuesta por la ley Nº 19.995 que impone que desde el año 2015 los municipios dejarán de ser los titulares de los derechos de explotación de los casinos. Se aboga por la creación de un frente político amplio que luche para frenar estas nuevas imposiciones legales que impedirán realizar una gran cantidad de obras en directo beneficio de la comunidad.

 

Editorial del viernes 20 de noviembre de 2009. “Preocupante cifra de infracciones”

El objetivo de esta editorial es hacer un llamado de atención a los lectores por la alta cantidad de infracciones de tránsito cursadas por carabinero en lo que va corrido del año. Tal cantidad es inaceptable a los ojos de El Mercurio de Valparaíso, porque afirma que la implementación del sistema de transporte metropolitano del Gran Valparaíso, incluía una activa regulación de los buses. Se destaca que la “cultura de tránsito” de los conductores de microbuses es inaceptable y que la solución no pasa por aumentar la cantidad de policías en las calles, sino en aumentar los requisitos exigidos para obtener licencia de conducir. Si la solución propuesta no es aplicada, “tendremos que seguir lamentando más víctimas fatales

 

Editorial del sábado 21 de noviembre de 2009. “Nuevas realidades de tránsito”

Esta editorial nace del rechazo al proyecto “Puerto Barón”, recientemente reprobado por no ser compatible con la realidad del entramado urbano de Valparaíso. Los culpables del rechazo de la que es, a mi juicio, una nefasta obra para el paisaje urbano de Valparaíso, son las autoridades que no han adecuado las disposiciones urbanas a la creciente cantidad de vehículos en la zona. “Todas las iniciativas inmobiliarias y de servicio son expresión de desarrollo, de inversiones y de fuentes de trabajo. Sin embargo, tanto en su ejecución como su funcionamiento permanente deben insertarse en la trama urbana en forma armónica…”

 

Editorial del lunes 23 de noviembre de 2009. “Los problemas de un barrio”

La presente editorial es un retorno a un reportaje publicado recientemente por el periódico en que se describían ciertos “problemas” que experimenta la población Vergara.     Los problemas a los que alude la columna editorial dicen de una excesiva concentración urbana producto de la construcción desmedida de edificios de gran altura; el creciente comercio del sector y proliferación del comercio ambulante y sexual; insuficiente control policial; saturación de automóviles residentes y visitantes. Así, se dice que es tarea de las autoridades solucionar enfrentando estos problemas más duramente “porque los vecinos estiman que no son suficientes las acciones emprendidas para recuperar el otrora placer de residir en un sector que ofrecía una serie de ventajas y garantías”. En tal línea, se hace una defensa de los vecinos ante la eventual aplicación de una medida que afectaría directamente el bolsillo de los insignes residentes del sector: el establecimiento de un sistema de parquímetros.

 

 

Breve análisis

 

            En las columnas editoriales recientemente reseñadas, el periódico realiza un planteamiento frente a ciertos hechos del acontecer que considera problemáticos. Desde sí tal forma de plantear las cosas da cuenta del posicionamiento que asume El Mercurio de Valparaíso frente al acontecer de la zona, al seleccionar lo que incluye dentro de sus páginas y también considerando las soluciones que propone para eliminar lo que se considera como un “problema”. De tal forma, el periódico se plantea a sí mismo como un actor comunicacional capaz de representar el sentir de la ciudadanía ante el interés público. Esto último no escapa de la lógica de los medios de comunicación de masas, sino que lo interesante es la forma en que quien plantea estas cosas da cuenta de a quiénes representa. Tal enlace creo que puede realizarse haciendo un análisis de los contenidos morales en las columnas editoriales. Ello porque determinados valores que van a dar vida y coherencia a un espíritu de clase, pueden aprehenderse desde un análisis de los elementos morales incluidos dentro de un texto escrito como lo son las páginas de El Mercurio de Valparaíso.

 

            Para llegar a asumir tal postura hay que considerar el planteamiento de base: lo dicho dice más de quién dice, que de quién se dice. Por lo mismo, entenderemos que en la otredad se dibujan los límites de la mismidad. Dos caras de una misma moneda en un juego de interpretación que escapa a la posibilidad de atrapar la “cosa en sí”.

 

            Las cuatro editoriales consideradas abarcan cuatro problemáticas que, según los editores, tienen ser solucionadas por un Gobierno cuya labor debe ser velar por la limpieza, el orden, la seguridad, el interés nacional, la tranquilidad y la buena cultura. Se califican ciertas cosas de inaceptables pues alterarían la tranquilidad de un barrio; es preocupante la cantidad de infracciones de tránsito pues dan cuenta de una mala “cultura de tránsito” de los conductores; se defiende el derecho de la Municipalidad de Viña a percibir ingresos del Casino de Viña del Mar pues con aquel dinero pueden emprenderse una serie de actividades en directo beneficio de la comunidad; se critica el desfase que tiene la ciudad de Valparaíso ante la vanguardia inmobiliaria que requiere de serias modificaciones en el entramado urbano.

 

            Lo “esencial” de las problemáticas abordadas es que el periódico defiende ciertas cosas y valores sin justificarlas mayormente; habiendo justificaciones, en los pocos casos en que hay, vagas y difusas, dando cosas por firmes y canónicas simplemente porque la “buena cultura” lo exige. Lo pernicioso para la facultad de conocer es la imposición de ciertos elementos de la cultura profundamente sesgados y limitados pues dan cuenta de una moral que se valora a sí misma en la limpieza, en la tranquilidad, en la seguridad, en el interés nacional, en el valor de la vida humana (independientemente de quién se trate), en la comodidad. Asimismo, considero que no es muy esclarecedor para el lector estos elementos considerados como a priori en la construcción del discurso sin antes exponerlos al debate.

 

La columna editorial más esclarecedora de la moral que sustenta la serie de editoriales del periódico en análisis, es la del lunes 23 de noviembre de 2009, titulada “Los problemas de un barrio”. Allí, el periódico realiza una férrea defensa de un pasado ya perdido ante los embates de una actualidad que difumina unos límites que hasta hace unas décadas eran claros y ciertos. Esta columna es demostrativa pues allí se identifica claramente a los defendidos: los residentes de la Población Vergara. Así también, quizás uno de los rasgos más importantes a considerar es la defensa que hace el periódico de la pérdida de un pasado idílico en que residir allí era garantía de seguridad y comodidad. Las maneras en que se articula el lenguaje dan cuenta de una profunda identificación de los editores con los pobladores de esta zona de Viña del Mar, pues hacen suyas sus demandas y quejas para manifestarlas al difuso mundo creado por los medios de comunicación de masas.

 

Destaca también el emplazamiento que se hace a las autoridades para frenar la serie de problemas que han hecho que vivir en tal lugar ya no sea un placer debido a la serie de personajes repugnantes que han aparecido por el sector. Aparecen así los vecinos dibujados como seres absolutamente incapaces de ejercer una influencia directa sobre el lugar de residencia pues solamente el Estado es quien, en palabras de El Mercurio de Valparaíso, puede solucionar estos denigrantes problemas que han hecho de la Población Vergara un lugar cada día menos apreciado como lugar de residencia.

 

Por último, si nos fijamos en el fondo del tema, podremos darnos cuenta de que estamos hablando de una moral a la que le repugna la suciedad de ciertos personajes venidos de otros lugares de la ciudad. Hay, entonces, un asco que se dice que estas personas sienten al encontrarse con seres que dan cuenta de una absoluta exclusión de los beneficios que los ciclos productivos pudiesen aportar a todas las personas. El otro, pobre, sucio y feo, da cuenta de la mismidad con que se dibuja un grupo de la sociedad que aprecia la limpieza, el orden y la seguridad.

 

 

Carlos Torres Reyes

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